domingo, 12 de febrero de 2017

El rayo que no cesa


 Santiago MARTÍN, sacerdote
catolicos-on-line, 12-2-17

Es bastante aburrido, para mí y me imagino que aún más para los que me leen o escuchan, hablar una y otra vez de lo mismo. Me refiero a las discusiones en torno a temas de moral sexual y sacramental. En la Iglesia pasan muchísimas más cosas. Algunas buenas y otras malas. Por ejemplo, una misión de los capuchinos en África ha sido atacada esta semana, causando 18 muertos. La ONU, a través de uno de sus representantes, ha advertido que se reducirá la libertad religiosa para forzar a las religiones a aceptar la ideología de género y los supuestos derechos de los gay. Y así una larga lista más. A pesar de todo eso, me veo forzado a volver al mismo y manido tema, porque es, como diría el poeta Miguel Hernández, el rayo que no cesa.

Esta semana, diez diócesis alemanas -entre ellas, Berlín, Hamburgo y Aquisgrán- han publicado un artículo en sus revistas diocesanas en el que reclaman que, una vez aprobada ya, con algunos matices, la comunión de los divorciados vueltos a casar en Alemania -lo cual tuvo lugar la semana pasada-, se dé cuanto antes el siguiente paso. Y este consiste en admitir a la comunión a las parejas que viven sin casarse, a las parejas gay y a los protestantes que estén casados con un católico. Llevo tiempo advirtiendo que esto iba a pasar, y no porque sea profeta sino porque desde el principio el objetivo fue la aceptación de la homosexualidad en la Iglesia. 

Lo de los divorciados era la excusa, pues estos no han formado un lobby que presione mientras los gay sí, y ahí está la amenaza de la ONU para confirmarlo. Lo que no me imaginaba era que fuera todo tan rápido. No han tardado ni una semana en lanzar la campaña para lograr el paso siguiente. Cuando aún falta muchísimo para que la Iglesia acepte -si es que lo hace alguna vez- lo de la comunión a los divorciados, ya están pidiendo que pueda comulgar prácticamente todo el mundo.

Mi primera reacción no ha sido ni la de escandalizarme ni la de alarmarme. Sabía que esto iba a pasar y desde el principio ese era el objetivo de los que han llevado la campaña a favor, supuestamente, de los divorciados. Mi primera reacción ha sido de sorpresa. ¿Por qué tan rápido?, me he preguntado. ¿Por qué tantas prisas? Lo normal es que hubieran esperado unos meses y que después del verano hubieran vuelto a la carga mostrando sus verdaderos objetivos. Sin embargo, no han tardado ni una semana y, posiblemente, el artículo publicado en las revistas diocesanas estaba ya escrito antes de que se hiciera pública la resolución de la Conferencia Episcopal alemana.

No quiero especular sobre el motivo de esas prisas, aunque me imagino algunas causas. Ciertamente, prisa tienen y eso no les conviene, porque sirve para que todo el mundo sepa hacia dónde quieren dirigir a la Iglesia. Algún motivo importante hay para que estén apretando el acelerador con el riesgo de ponerse al descubierto. Yo no sé cuál es, pero alguien, ciertamente, sí lo sabe.

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