martes, 6 de diciembre de 2016

Nueva apelación al Papa

  

 Las dudas católicas del New York Times

 Sandro MAGISTER, periodista
catolicos-on-line, 6-12-16

Como es bien sabido, cuatro cardenales han pedido al Papa que se exprese claramente acerca de cinco "dudas" planteadas por los pasajes más controvertidos de "Amoris laetitia". Pero no han recibido respuesta y probablemente no la reciban nunca. Porque para el Papa Francisco es "en el flujo de la vida en donde hay que discernir", no a golpes de "blanco o negro", como algunos "siguen sin comprender"".

Sin embargo, hace algunos días le llegó, por una vía insólita, otra apremiante solicitud de pronunciarse con claridad. A ésta le será más difícil sustraerse. Dicha solicitud procede del periódico laico más famoso del mundo, "The New York Times",  y más concretamente de uno de sus editorialistas, el católico Ross Douthat. El cual, a su vez, ha citado las instrucciones que mons. Robert W. McElroy, obispo de San Diego, en California, ha dado sobre "Amoris laaetitia" a su diócesis. En ellas, el abandono de la indisolubilidad del matrimonio y la admisión de las segundas nupcias son tan clamorosamente evidentes que obligan, de hecho, a la máxima autoridad de la Iglesia, y en concreto al Papa, a tomar una posición y a pronunciarse en contra, porque callar equivaldría a dar libre curso a una indudable y significativa ruptura con un fundamento de la fe católica de siempre.

Esta petición al Papa de expresarse claramente es incluso más urgente porque el obispo en cuestión, McElroy, es un predilecto de Jorge Mario Bergoglio, que lo ha promovido a la importante diócesis de San Diego precisamente para reforzar su peso entre los obispos de los Estados Unidos. Pero, ¿qué dicen las instrucciones dadas por McElroy a su diócesis? El texto íntegro se puede leer en la página web de la diócesis de San Diego.

Estos son los pasajes que rompen con la doctrina bimilenaria del matrimonio católico:

"Muchos católicos que se han divorciado y se han vuelto a casar concluyen, a causa de una serie de razones legítimas -muchas de las cuales surgen por la afectuosa preocupación de que un proceso de nulidad afecte a los sentimientos de los hijos de edad más adulta o del anterior cónyuge-, que no pueden iniciar este proceso de anulación. ¿Cuál es su estatus en la Iglesia?

"'Amoris Laetitia' subraya que ninguna norma abstracta puede plasmar la gran complejidad de circunstancias, intenciones, niveles de comprensión y madurez que originalmente envolvieron la acción del hombre o de la mujer en su primer matrimonio, o que envuelven las nuevas obligaciones morales que surgen del cónyuge o de los niños del segundo matrimonio. Por lo tanto, el Papa Francisco rechaza la validez de cualquier afirmación general de que 'todos los que se encuentran en alguna situación así llamada «irregular» viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante'".

"Esto no significa que no haya un gran nivel de contradicción en la vida de los católicos que se  han divorciado y vuelto a casar, como el Señor observó en el Evangelio de Mateo. Pero el Papa Francisco explica que incluso ante contradicciones fundamentales entre el Evangelio y la vida existencial del discípulo, la lógica inexorable de la gracia divina busca una reintegración progresiva en la vida plena de la Iglesia. […]".

"En conversación con un sacerdote, el creyente busca reflexionar con humildad, discreción y amor hacia la Iglesia y sus enseñanzas acerca de su nivel de responsabilidad por el fracaso del primer matrimonio, sobre su atención y amor por los hijos de ese matrimonio, sobre las obligaciones morales que han surgido en su nuevo matrimonio y sobre el posible daño que puede conllevar su vuelta a los sacramentos, minando así la indisolubilidad del matrimonio. Es importante subrayar que el papel del sacerdote es de acompañamiento, es decir, informando sobre los principios de la fe católica la conciencia de la persona que discierne. El sacerdote no tiene que tomar decisiones en lugar del creyente, porque tal como resalta el Papa Francisco en 'Amoris Laetitia', la Iglesia está llamada 'a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas'".

"Los católicos que participan de manera auténtica en este discernimiento de conciencia deben tener en cuenta la permanencia del matrimonio y la enseñanza de la Iglesia de que 'la Eucaristía no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles'. Y lo más importante, este discernimiento debe situar siempre en el centro la pregunta: '¿Qué es lo que Dios quiere de mí ahora?'".

"Algunos católicos  que se involucran en este proceso de discernimiento concluirán que Dios les está llamando a volver a una plena participación en la vida de la Iglesia y la Eucaristía. Otros concluirán que deben esperar, o que su vuelta puede herir a otros".

"El Papa Francisco, al indicar el camino de la conciencia para los divorciados que se han vuelto a casar, no está indicando un elemento de la vida moral cristiana que es excepcional. Porque es en el ámbito de la conciencia donde el discípulo cristiano está llamado, precisamente, a discernir cualquier decisión moral importante que deba tomar".

Como observa Douthat en su columna del "The New York Times", de estas instrucciones han desaparecido tanto la palabra como la noción de "pecado", con excepción de una cita de "Amoris laetitia" recordada precisamente para excluirlo.

Desaparecen también la palabra y la noción de confesión sacramental. Toman su lugar una conversación con un sacerdote que ni juzga ni absuelve, sino que sólo aconseja, dejando la decisión final a la conciencia del individuo con el que dialoga.

Pero sobre todo desaparecen la indisolubilidad del matrimonio y la inadmisibilidad de las segundas nupcias cuando el primer cónyuge, con el que el matrimonio es aún válido, todavía vive. Las realidades que en cambio tienen importancia se convierten en la felicidad o menos de la nueva unión, con las "nuevas obligaciones morales" que ésta comporta, las exigencias del primer y del segundo cónyuge, el cuidado de los hijos del primer o del segundo matrimonio.

También recurrir a un proceso acerca de la validez del "primer" matrimonio debe estar subordinando a los sentimientos de las personas en juego, pasadas y presentes, a las que no hay que herir de ninguna manera. Ciertamente, el divorcio y un segundo matrimonio civil siguen estando en contradicción con las palabras de Jesús, pero el "Papa Francisco explica" que la lógica de la gracia divina alienta también en este caso a una reintegración en la vida plena de la Iglesia.

¿Y el acceso a la Eucaristía? Según estas instrucciones basta con que cada uno se pregunte sobre lo que Dios le pide en ese momento. Así, habrá quien se acerque a la comunión, quién la posponga para otro momento, quien valore el efecto sobre las personas. La cuestión, en resumen, ya no es "si" tomar la comunión, sino "cuándo" tomarla.

Por lo tanto, la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, planteada así, ya no es una excepción para casos difíciles poco comunes y que están dentro de un recorrido sometido a la valoración de la Iglesia, como el propio cardenal Walter Kasper, el jefe de los innovadores, ha subrayado repetidamente y como el propio Papa Francisco ha mostrado entender en diversas ocasiones, bien con palabras suyas, bien por interpuesta persona como el cardenal Agostino Vallini, su vicario para la diócesis de Roma.

No. En el formato establecido por el obispo McElroy para la diócesis de San Diego, la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar entra plenamente en la normalidad. Una normalidad en la que el matrimonio, sin embargo, ya no es indisoluble, en la que las segundas nupcias están tranquilamente admitidas, en la que la confesión sacramental desaparece y en la que la comunión eucarística es accesible "ad libitum". Como en cualquier iglesia protestante.

¿Está todo esto incluido en las múltiples, y a menudo contrapuestas, interpretaciones y aplicaciones de "Amoris laetitia" que Francisco ha dejado convivir hasta ahora deliberadamente? ¿Se puede considerar también esta interpretación de "Amoris laetitia" compatible con la doctrina de siempre del matrimonio católico?


Estas son dos preguntas que difícilmente el Papa puede arrinconar.

Spaemann: el Magisterio de la Iglesia se ha degradado


catolicos-on-line, 6-12-16

El más destacado filósofo católico de Alemania ha salido en defensa de los cuatro cardenales que pidieron al Papa Francisco que aclare las ambigüedades en su Exhortación Apostólica Amoris Laetitia respecto a los sacramentos para los católicos divorciados vueltos a casar.

«Es deplorable que sólo cuatro cardenales hayan tomado la iniciativa en relación con este tema» afirmó Robert Spaemann en defensa de la dubia presentada por cuatro cardenales .

En una entrevista con el diario italiano católico de opinión «Nuova Bussola Quotidiana»  el domingo, Spaemann subrayó que los cuatro cardenales tenían razón en dar a conocer la dubia en todo el mundo para abordar la perplejidad que la Amoris Laetitia ha creado en el episcopado.

Spaemann es famoso por su trabajo filosófico sobre la ética cristiana, la bioética y los derechos humanos. Es amigo personal del Papa Emérito Benedicto XVI y profesor emérito de la universidad de Munich. Él ya ha expresado su preocupación por la ambigüedad de Amoris Laetitia, llamándolo una « ruptura con la tradición católica».

«Con la dubia, los cardenales asumen su deber de sostener con su consejo –en la medida en que son “senadores”– en la Iglesia junto con la persona del Santo Padre. Los cuatro Cardenales han elegido el camino correcto».

Recientemente, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, sugirió que el Papa podría consultar a su congregación para resolver la ambigüedad. Spaemann añadió que el dubia debería haber ido a la Congregación para la Doctrina de la Fe. «El primer destinatario de la dubia es el Papa, aunque en mi opinión el escrito debería haber pasado por la Congregación para la Doctrina de la Fe».

En cuanto al silencio del Papa Francisco, que hasta ahora no ha respondido a los Cardenales, Spaemann escribió:

«La negativa del Papa a responder al llamamiento de los cuatro Cardenales me llena de gran preocupación, ya que, de alguna manera, el Magisterio supremo en este caso está siendo degradado. El Papa Francisco claramente tiene una profunda aversión a estas decisiones en las que se requiere un “sí” o un “no”».

Cristo siempre respondió claramente a las preguntas

Spaemann hizo hincapié en que el camino de Cristo conlleva una clara distinción de lo verdadero y falso: Cuando, por un lado, el Papa Francisco vacila: «Cristo, el Señor de la Iglesia, por otra parte siempre dio a sus discípulos la respuesta clara a decisiones de este tipo. A la pregunta específica sobre el adulterio, él sacudió  a los apóstoles con la simplicidad y claridad de su enseñanza ».

Comprensión subjetivista del discernimiento de conciencia

La tercera duda se refiere si todavía es «posible afirmar que una persona que vive habitualmente en contradicción con un mandamiento de la ley de Dios, como por ejemplo la ley que prohíbe el adulterio (Mateo 19, 3-9), se encuentra en una situación objetiva de grave pecado habitual». Spaemann se opuso a la comprensión subjetivista del discernimiento de conciencia: «Es un grave error pensar que la subjetividad es el último criterio para la administración de los sacramentos. También es cierto que toda acción que va contra la conciencia es mala, pero también se puede actuar de acuerdo con una conciencia errónea. Esta es la clara enseñanza de Santo Tomás de Aquino».

La conversión como la solución

Si una persona se encuentra en una situación desconcertante (casus perplexus), una situación en la que la persona siente que tiene que elegir entre dos o más males con lo cual piensa que estaría bien ir en contra de la norma, en este caso «de esta dilema uno sólo puede salir a través de la conversión», que es una apertura de la conciencia hacia la verdad objetiva. El lugar de la renovación de la verdad es, por un lado, la razón, por el otro, la Revelación».

La entrevista terminó con el llamado de Cristo en el Evangelio de Juan (6,67): «¿También te irás?» Esta es la pregunta que Jesús da a sus discípulos cuando la multitud se va después de haber oído las palabras de Jesús. Pedro no discute, sino que sólo pregunta: «¿A quién iremos? Sólo tú tienes las palabras de la vida eterna». 

sábado, 3 de diciembre de 2016

El Cardenal Muller recuerda

que siguen vigentes las enseñanzas de la Iglesia sobre la comunión de los divorciados

catolicos-on-line, 2-12-16

El cardenal Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha declarado en una entrevista a Kathpress que su dicasterio no puede responder a las preguntas -dubia- enviadas por cuatro cardenales al Papa. El cardenal, sin embargo, ha recordado la respuesta que el cardenal Ratzinger dio en 1994 sobre la cuestión de los divorciados vueltos a casar.

El cardenal Müller ha recordado en una entrevista a Kathpress que su dicasterio habla y actúa «con la autoridad del Papa» y no puede tomar parte «en una diferencia de opinión».

El Prefecto ve el peligro de la «polarización» entre dos campos de la Iglesia y explica que la carta fue dirigida directamente al Papa antes de su publicación y que Francisco aún puede otorgar la autoridad a la Congregación para la Doctrina  de la Fe (CDF) para que resuelva las tensiones. La CDF es la encargada de resolver todos los asuntos relacionados con la Fe en la Iglesia Católica y por lo tanto es la máxima autoridad en el asunto tras el Obispo de Roma.

«Por el momento es importante que nos mantengamos enfocados en el objetivo y que no nos dejemos llevar por polémicas y mucho menos crearlas», asegura el cardenal Müller. Pero aunque no se pronuncia explícitamente respecto a los pasajes de la Amoris Laetitia que han creado confusión, el Prefecto recuerda que los documentos pontificios no pueden ser interpretados de una forma que contradiga documentos anteriores publicados por otros Papas, o por la propia CDF por mandato pontificio.

En relación a la admisión a la comunión eucarística de los divorciados vueltos a casar, el cardenal Müller cita un documento de la CDF de 1994, en el cual se respondía a tres obispos alemanes sobre el mismo tema. En esta respuesta, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, negaba la posibilidad de que los obispos permitieran la comunión a las parejas en cuestión. Este es el documento magisterial citado:

Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la recepció de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar.


La indisolubilidad del matrimonio, ha enfatizado el cardenal alemán, debe ser «el fundamento inquebrantable de la enseñanza en todo acompañamiento pastoral».

Silencio administrativo


 Santiago MARTÍN, sacerdote
catolicos-on-line, 2-12-16

Cuatro cardenales, los cuatro de gran importancia aunque tres de ellos estén jubilados, hicieron cinco preguntas al Santo Padre (el nombre técnico de este tipo de consultas es “dubia”), lo cual es frecuente y entra dentro de los derechos y deberes de todos los obispos del mundo. Al no haber recibido respuesta, dos meses después, decidieron publicar dichas preguntas, para informar al pueblo de Dios y para dejar constancia de la inquietud que hay en un sector de la Iglesia sobre la interpretación que algunos están dando a la “Amoris laetitia”.

La cuestión de fondo es si puede haber excepciones que permitan comulgar a una persona divorciada y casada por lo civil, o casado con alguien que está en esa situación. Es decir, se preguntaba sobre la objetividad del mal moral y si determinadas circunstancias hacen que lo que es objetivamente malo no pueda ser imputado subjetivamente como tal al que lo comete. La Teología moral, como ha recordado el Papa, siempre han admitido que para que haya pecado tiene que haber, entre otras cosas, libertad a la hora de actuar (por ejemplo, una mujer violada no comete pecado, aunque esté teniendo sexo fuera del matrimonio, porque no tiene libertad para rechazarlo). El problema no es, pues, el del ejercicio de un sano y prudente discernimiento -que, como dije desde el primer momento en que apareció la “Amoris laetitia”, ha sido la práctica habitual en la Iglesia-; el problema está en que una vez abierta la puerta, aunque sea a través de una pequeña rendija, ésta ya queda abierta y ahora es cuestión de ir ampliando esa apertura poco a poco. Es decir, el problema es que si eso se admite, no tardará en plantearse -de hecho, algunos lo hicieron incluso en el Sínodo-, que se permita comulgar a los que viven sin casarse o a los homosexuales que vivan en pareja, y esto sólo para empezar, pues luego se ampliará el concepto a los implicados en un aborto, en una eutanasia o incluso en casos de corrupción o de terrorismo. Cuando la subjetividad se convierte en norma, nos encontramos ante una “moral de situación”, que fue condenada por Pío XII, o ante una reedición de la “moral de actitudes”, que fue condenada por San Juan Pablo II. Este es el problema de fondo y no es un problema cualquiera. No hay que olvidar que, en el debate organizado por varias conferencias episcopales en la Universidad Gregoriana, entre Sínodo y Sínodo, un teólogo llegó a pedir públicamente que la Iglesia renunciara a todo tipo de moral sexual -es decir, que aceptara que en el sexo todo vale-, y que sólo se condenaran aquellos actos que han sido exigidos con violencia. Ese es el objetivo al que se quiere llegar y lo que se está debatiendo ahora es si se abre o no la puerta, aunque ésta no se abra de par en par de un golpe.

En este debate, ya larguísimo, se suceden las intervenciones de unos y otros. Las de aquellos que defienden la moral católica tradicional, la que ha estado en vigor desde Cristo, es mesurada y no ofensiva. La de algunos de los que se les oponen y claman por la aniquilación de dicha moral, es agresiva. Que un obispo llegue a llamar herejes a unos cardenales por atreverse a preguntar, es desproporcionado. Más aún lo es que un famoso periodista jesuita llame al cardenal Burke en un tweet “gusano idiota”. Con razón algunos comentaristas han dicho que esos insultos denotan nerviosismo, lo cual significaría que, a pesar de tener, supuestamente, el poder no están seguros de ganar. Y es que cargarse dos mil años de Teología moral de un golpe no es fácil, ni siquiera contando con el apoyo masivo de los medios de comunicación y de todo el poder del nuevo orden mundial.

Así las cosas, ha hablado por fin alguien que está directamente implicado en el tema. Me refiero al cardenal Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Si bien las preguntas de los cuatro cardenales fueron hechas al Papa, la respuesta debía venir a través de dicha Congregación. Müller ha recordado que él no puede responder si el Papa no le dice que lo haga. Pero es que esto mismo ya es una respuesta, porque además ha dicho claramente que los documentos pontificios no pueden ser interpretado de una forma que contradiga los documentos pontificios anteriores. O sea que el cardenal Müller lo que acaba de recordar es que también en la Iglesia está vigente el principio del “silencio administrativo”. Cuando no hay respuesta a una pregunta no significa en realidad que no exista tal respuesta, sino que está en vigor la respuesta anterior, si es que la hubiera. Como de hecho sí la hay, y ésta es clara y abundante, hay que deducir que todo lo enseñado por los Pontífices anteriores, basado explícita y claramente en las enseñanzas de Cristo, recogidas y explicitadas por San Pablo, sigue en vigor. El “silencio administrativo” da la razón a los que han hecho las preguntas.


Y ahora, digo yo, ¿podríamos zanjar este asunto y dedicarnos a evangelizar a todos los hombres, empezando por aquellos que se encuentran en situaciones irregulares? Para que la gente vuelva a la Iglesia, lo que importa no es que la puerta esté más o menos abierta, sino que descubran que lo que hay dentro -Cristo-, merece la pena; cuando lo descubran, incluso aunque la puerta estuviera cerrada -que no lo está-, entrarían por la ventana. Y si no lo descubren, por muy supuestamente abierta que esté, no van a querer entrar. Ahí está el ejemplo de lo que sucede en Alemania: en la práctica ya se da la comunión a los divorciados vueltos a casar y a otros muchos que no podrían recibir el Cuerpo de Cristo, y sin embargo cada vez va menos gente a la Iglesia. 

Así acabará el drama de los dubia


 Mark DREW, sacerdote

El Papa está en una posición difícil. Si declarara que los principios enseñados por San Juan Pablo II ya no forman parte de la enseñanza de la Iglesia, causaría un terremoto teológico.

El Papa Francisco ha declinado contestar a cuatro cardenales dudas sobre su enseñanza sobre el matrimonio. La Iglesia está ahora en un territorio inexplorado.

Pronosticar es un pasatiempo peligroso para los comentaristas y en el papado del papa Francisco el negocio de hacer predicciones parece especialmente peligroso. El pasado abril, cuando Francisco promulgó un documento llamado Amoris Laetitia (La alegría de amar), advertí a los lectores que esperasen controversia continuada alrededor de una pregunta no contestada. Ahora se ve que no estaba equivocado.

La pregunta no contestada era la que se debatió acaloradamente en los dos sínodos de los obispos mantenidos en 2014 y 2015 – esto es, si los católicos divorciados vueltos a casar podrían ser admitidos a la Eucaristía en ciertas circunstancias. En los sínodos la propuesta, fomentada por prelados seleccionados cuidadosamente por Francisco, afrontó una fuerte oposición de muchos obispos y fracasó al no conseguir el consenso necesario. El documento producido por el encuentro de 2015 salió con una fórmula ambigua, esencialmente esquivando el asunto.

Después del sínodo todos los ojos estaban puestos en Francisco para ver si intervendría con una decisión clara. Los papas suelen publicar exhortaciones post-sinodiales después de estas reuniones. La mayoría son anodinas y se olvidan pronto, pero esta levantó esperanzas y ansiedades febriles en una Iglesia polarizada. Cuando llegó, los lectores hojearon con impaciencia las más de 300 páginas para encontrar la ansiosamente esperada respuesta. Esta respuesta, escondida en dos notas al pie, era de nuevo ambigua.

Los últimos seis meses a veces ha parecido una guerra de desgaste. La controversia se ha centrado principalmente en como han de ser interpretadas las palabras del Papa. Algunas conferencias episcopales nacionales – Alemania, por ejemplo – parecen más o menos unidas a favor de liberalizar la disciplina, mientras que otras – como Polonia – insisten en que nada ha cambiado. Los obispos de Buenos Aires presentaron un documento sugiriendo que ahora el camino para la Comunión para los divorciados vueltos a casar está abierto en algunos casos en que la culpa subjetiva podría haber disminuido. El Papa respondió con una carta privada recomendando esta interpretación como la buena. En lo que se ha convertido en un aspecto familiar de las disputas alrededor de las reales intenciones del papa, el intercambio supuestamente privado fue filtrado, un intento transparente de dar impulso al la tendencia liberalizadora.

La división no es solo entre grupos nacionales; también divide internamente a conferencias episcopales. El arzobispo Charles Chaput de Filadelfia publicó normas para su diócesis que dejaban claro que la disciplina quedaría sin cambios. Los que están en uniones irregulares podrían recibir la Comunión solo si viven en continencia. Su compatriota el cardenal Kevin Farrell, jefe del nuevo dicasterio del vaticano supervisor de los asuntos familiares, criticó a Chaput por adelantarse a los acontecimientos en lo que, según él, debería haber sido decidido colegiadamente por los obispos americanos. Farrell dejó claramente implícito que esa política sería más abierta a la favorecida «opción de misericordia» de Francisco. Dijo que la Amoris Laetitia es el Espíritu Santo hablando.

En medio de estas maniobras explotó una bomba. Se hizo pública una carta, dirigida al papa por cuatro cardenales conocidos por ser hostiles a cualquier cambio en la disciplina. Tomó la forma de dubia, 'dudas', tradicionalmente dirigida a la autoridad romana competente por aquellos que buscan aclaraciones sobre puntos de la enseñanza de la Iglesia o del canon de leyes considerados insuficientemente claros.

De los cardenales interesados, solo uno está actualmente en activo, aunque en un rol de poca importancia. Es el cardenal Raymond Burke, ya bien conocido como un 'pegador' conservador. Los otros cardenales están todos retirados: Walter Brandmüeller, un historiador académico altamente respetado; Carlo Caffara, azobispo emérito de Bologna y un distinguido teólogo moral; y Joachim Meisner, arzobispo de Colonia hasta 2014 y uno de los más firmes partidarios de los últimos dos papas entre los obispos de todo el mundo.

La dubia cubría cinco cuestiones, todas referidas a la enseñanza del magisterio de San Juan Pablo II, contenida notablemente en los textos de referencia Familiaris Consortio y Veritas Splendor. Es evidente que las cuestiones, todas presentadas respetuosamente y con argumentos detallados, no eran inocentes, ya que su propósito es sugerir que hay dificultades en reconciliar Amoris Laetitia, o al menos sus implicaciones, con la doctrina católica establecida. Pero no son cuestiones puramente retóricas: ellas presentan al Papa, o a los teólogos liberales que parece favorecer, una oportunidad para desarrollar, con un razonamiento concreto y preciso, su afirmación que lo que está en curso constituye un auténtico desarrollo de doctrina.

Que se sepa el Papa no entregará una respuesta a los cuatro cardenales. Fue su silencio determinado el que los empujó a hacer público el dubia. Para muchos, ha parecido un reto directo a Francisco. Para confirmarlo, el cardenal Burke ha ido tan lejos como declarar que él y los otros quizás hagan un «acto formal de corrección» si el Papa no clarifica su enseñanza. Esto implica claramente que el Santo Padre posiblemente está enseñando erróneamente.

¿Cual es el significado del silencio del papa Francisco? ¿Y cuanto de audaz es la iniciativa de los cardenales?

El Papa está en una posición difícil. Si declarara que los principios enseñados por San Juan Pablo II ya no forman parte de la enseñanza de la Iglesia, causaría un terremoto teológico. Nunca en los tiempos modernos un papa ha desautorizado a su predecesor. Hacerlo provocaría una revuelta entre los muchos que se adhieren tenazmente a la doctrina de los papas previos – no simplemente los dos últimos, sino toda la entera tradición católica tal como ha evolucionado por siglos. Incluso podría provocar un cisma formal.

Todavía más, relativizaría la propia autoridad de enseñanza del papa Francisco.  Después de todo, si sus predecesores se equivocaron, ¿por qué alguien puede pensar que sus declaraciones pueden tener algún valor más allá de su vida?

Por otra parte, si Francisco reafirma la enseñanza previa, entonces él debe abandonar sus intentos de reforma de la disciplina de los sacramentos o salir con argumentos que muestren que la contradicción es solo aparente. Los defensores del cambio, principal entre ellos el cardenal Christoph Schönborn de Viena, han dicho que el cambio por el que abogan no es revertir la enseñanza anterior sino un desarrollo de la doctrina. Hasta ahora no he visto nada que me convenza que esto no es más que una mera afirmación, sin apoyo de una demostración racional y convincente.

¿Está el Papa furioso con los cuatro autores de la dubia, como algunos sugieren? Lo dudo. Después de todo, llamó a la parresia, al debate valiente y franco. Los signos son que él cree en iniciar procesos, más que en dictar desenlaces. Él debe reconocer, entonces, que iniciativas que aspiran a equilibrar la discusión, incluso frenando evoluciones que muchos juzgan inoportunas, son parte normal de los procesos en una Iglesia que él ha invocado a ser más 'sinodial', o colegial.

Estoy menos convencido de la serena disposición de muchos de los que rodean a Francisco y quizás busquen usar su popularidad para avanzar en sus propias agendas. Ha habido reacciones intemperantes y airadas. El obispo Frangiskos Papamanolis, presidente de la conferencia de la minúscula iglesia católica de Grecia, acusó a los cuatro cardenales de cisma, herejía e incluso apostasía. Nadie que entienda correctamente la doctrina católica sobre el papado cree que retar los juicios prudentes de un papa hace que nadie reniegue de la fe católica. Estoy preocupado de que esta reacción ejemplifica algunos factores preocupantes en este debate, más allá de la ira y la retórica divisiva presente en ambos lados.

El primero es el anti-intelectualismo que parece presente en algunos barrios. El obispo Papamanolis reprochó a los cuatro cardenales hacer «argumentos sofisticados», como si fuera algo imperdonable. El papa Francisco ha sostenido que «las realidades son más grandes que las ideas». Pero reforzar esto para despreciar la racionalidad y el discurso lógico corre el riesgo de entregar la Iglesia al reino de lo emotivo y sentimental de manera que finalmente no pueda sostener sus esfuerzos para evangelizar.

En segundo lugar, está el riesgo de reemplazar entender correctamente la autoridad papal con una adhesión excesiva a un papa en particular rayando en el culto a la personalidad. Estoy preocupado cuando alguno de los que advertían de este peligro bajo San Juan Pablo II ahora parecen bastante contentos de tolerarlo bajo un papa que creen que favorece su agenda.

Los papas son seres humanos cuyo trabajo es enseñar la doctrina católica, y en casos de necesidad intervenir para restaurar la unidad en base a la verdad. Pueden cometer errores de juicio persiguiendo esta tarea, como los han tenido en el pasado y sin duda los tendrán en el futuro. Enseñan y gobiernan en unión con sus colaboradores – los obispos – quienes tiene el papel de aconsejarlos y, si es necesario, instarles a la prudencia.


El papa Franciso ha elegido abrir un debate, y creo que un día, en una Iglesia global que exige enseñanza consistente y disciplina globales, él o uno de sus sucesores será invocado a cerrarlo. La autoridad de los obispos de todo el mundo necesitará ser involucrada en la decisión, quizás en un futuro sínodo o incluso en un concilio ecuménico.

El Cardenal Sarah constata la confusión que hay en la Iglesia



catolicos-on-line, 2-12-16

En una entrevista concedida el semanario francés Homme Nouveau el cardenal Robert Sarah exterioriza su preocupación por la gran confusión que reina en el mundo católico, incluso entre los obispos, acerca de la doctrina de la Iglesia.

El cardenal se siente llamado a intervenir como Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, porque la desorientación actual implica tres sacramentos: el matrimonio, la Penitencia y la Eucaristía. Según el Cardenal, la confusión que vivimos extrae su savia de la falta de formación que, lamentablemente, afecta a sus propios hermanos en el episcopado.

Sarah ha querido subrayar que cada obispo, él mismo in primis, está vinculado a la doctrina del matrimonio monogámico indisoluble, que Cristo ha restaurado a su forma original y en el que se encuentra el bien del varón, la mujer, y los hijos.


Esta verdad no puede dejar de tener consecuencias respecto de la posibilidad de acercarse a la Santa Comunión: «La Iglesia entera se ha mantenido siempre firme en el hecho de que no se puede recibir la comunión cuando se es consciente de haber cometido un pecado grave, un principio que ha sido confirmado definitivamente por la encíclica Ecclesia de Eucharistia de San Juan Pablo II». Y el Cardenal prefecto añade: «Ni siquiera un Papa puede dispensar de esta ley divina».

jueves, 1 de diciembre de 2016

El Cardenal Pell


 constata la confusión existente entre los católicos

catolicos-on-line, 1-12-16

El cardenal George Pell ha asegurado en Londres que un grupo de católicos practicantes están «desconcertados por el giro de los acontecimientos» en la Iglesia. En una charla en la Iglesia de San Patricio, en la capital británica, el purpurado aseguró que uno de los motivos de preocupación son las falsas teorías sobre la relación entre la conciencia y la ley moral.

El Cardenal Pell dio una charla sobre San Damián de Molokai como parte de una serie de conferencias organizadas en San Patricio para el Año de la Misericordia. Y aprovechó la ocasión para hablar sobre la situación del catolicismo hoy en día. Dijo que si bien el Papa Francisco tiene «un prestigio y una popularidad fuera de la Iglesia» mayor que cualquier otro Papa anterior, algunos católicos están actualmente incómodos.

Posteriormente, el cardenal australiano, a quien se le ha encargado llevar a cabo reformas financieras en el Vaticano por parte del Papa Francisco y es además miembro del grupo de asesores del «G9» del Papa, criticó algunas de las ideas sobre la conciencia que están difundiéndose en la Iglesia.

El prelado dijo que enfatizar la «primacía de la conciencia» podría tener efectos desastrosos, si la conciencia no se somete siempre a la Revelación y la ley moral. Por ejemplo, «cuando un sacerdote y un penitente están tratando de discernir el mejor camino a seguir en lo que se conoce como el foro interno», deben referirse a la ley moral. La conciencia «no es la última palabra en varios sentidos», dijo el cardenal y recordó que siempre es necesario seguir la enseñanza moral de la Iglesia.

El cardenal contó la historia de un hombre que estaba durmiendo y manteniendo relaciones sexuales con su novia, y le había preguntado a su sacerdote si podía recibir la Comunión; sería «engañoso», dijo el cardenal, decirle al hombre que simplemente siguiera su conciencia.

Añadió que aquellos que enfatizaban «la primacía de la conciencia» sólo parecían aplicarla a la moral sexual y las cuestiones relativas a la santidad de la vida. A las personas rara vez se les aconsejaba que siguieran su conciencia si les decía que fueran racistas o lentas en ayudar a los pobres y necesitados.

El cardenal Pell citó los escritos sobre la conciencia del Beato John Henry Newman, en los que el gran cardenal inglés, converso del anglicanismo al catolicismo, rechazó la «miserable falsificación» de la definición de conciencia como «el derecho a la voluntad propia». Señaló que Newman defendió a los papas Pío IX y Gregorio XVI, que siempre «condenaron una conciencia que rechazara a Dios y rechazara la ley natural».

El purpurado también rindió homenaje a las «dos grandes encíclicas» de San Juan Pablo II, Veritatis Splendor y Evangelium Vitae, que presentan la ley moral como algo vinculante en todos los casos.

Al preguntársele si el malestar de algunos católicos por el estado de la Iglesia estaba relacionado con teorías falsas sobre la conciencia, el cardenal Pell dijo: «Sí, eso es correcto».

Añadió que «la idea de que se pueda discernir de alguna manera que las verdades morales no deben ser seguidas o no deben ser reconocidas es absurda». «Todos estamos bajo la verdad», añadió, señalando que la verdad objetiva puede ser «diferente de nuestra comprensión de la verdad».


Preguntado por la polémica creada tras la publicación de las preguntas (dubias) que cuatro cardenales han hecho al papa Francisco sobre la exhortación apostólica Amoris Laetitia, el cardenal australiano respondió: «¿Cómo puede usted no estar de acuerdo con que se haga una pregunta?» y concluyó que es significativo el hecho de que se hayan hecho esas cinco preguntas.