martes, 23 de mayo de 2017

Los laicos y el mundo


Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el sexto domingo de Pascua (21 de mayo de 2017)



Hace algunos domingos reflexionamos sobre las vocaciones especialmente a la vida consagrada y al sacerdocio ministerial, ahí señalábamos que la mayoría del pueblo de Dios son los fieles laicos. En esta oportunidad queremos ahondar en esta vocación que es indispensable para la realización de la tan necesaria dimensión misionera y especialmente la evangelización de la cultura. La vocación del laico se especifica fundamentalmente en la transformación de las realidades del mundo. Son los cristianos que viven en nuestras ciudades o en el campo, llamados a construir una familia, a comprometerse en sus trabajos, como docentes, políticos, como comunicadores sociales o bien en el trabajo silencioso y fecundo de la chacra… Sobre todo desde esta vocación deberemos acentuar la misión en la cotidianidad donde es necesario generar valores evangélicos, mayor sentido ético y compromiso por el bien común.

Hace décadas que venimos señalando en la Iglesia la importancia de que nuestros laicos comprendan su propia vocación y misión, pero también debemos reconocer que probablemente en la práctica eclesial nos cuesta a los pastores acompañar al laicado a santificarse en su realidad cotidiana. A veces los entendemos solamente como ligados a actividades intraeclesiales, y muchísimos laicos no asumen una dimensión misionera en sus ambientes, trabajo y familia.

En el acontecimiento y documento de Aparecida se trató este tema que considero importante que lo incorporemos a nuestra reflexión y examen de conciencia sobre el compromiso con esta vocación y misión. Aparecida señala sobre los fieles laicos: «Su misión propia y específica se realiza en el mundo, de tal modo que, con su testimonio y su actividad, contribuyan a la transformación de las realidades y la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio. El ámbito propio de su actividad evangelizadora es el mismo mundo vasto y complejo de la política, de la realidad social y de la economía, como también el de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los “mass media”, y otras realidades abiertas a la evangelización, como son el amor, la familia, la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional y el sufrimiento. Además, tienen el deber de hacer creíble la fe que profesan, mostrando autenticidad y coherencia en su conducta» (210).

El documento sigue señalando también la importancia del laicado en la acción pastoral de la Iglesia en sus distintas expresiones, así como en diversas formas de ministerialidad laical. En nuestra Diócesis contamos, como gracia de Dios, con distintas sedes de la escuela de ministerios laicales que son realmente significativas en el servicio que prestan a nuestras comunidades.

En esta reflexión quiero subrayar la importancia que adquiere en nuestro tiempo el fortalecimiento de varias asociaciones laicales, movimientos apostólicos, y nuevas comunidades eclesiales que como señala Aparecida deben ser apoyadas y acompañadas por los pastores: «En las últimas décadas, varias asociaciones y movimientos apostólicos laicales han desarrollado un fuerte protagonismo. Por ello, un adecuado discernimiento, animación, coordinación y conducción pastoral, sobre todo de parte de los sucesores de los Apóstoles, contribuirá a ordenar este don para la edificación de la única Iglesia». (214).

El Papa Francisco en una carta reciente al Cardenal Ouellet, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina señala cómo los pastores tenemos que acompañar a los laicos comprometidos en la vida pública: «Significa buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular todo los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe […] Significa como pastores comprometernos en medio de nuestro pueblo y, con nuestro pueblo sostener la fe y su esperanza. Necesitamos reconocer la ciudad –y por lo tanto todos los espacios donde se desarrolla la vida de nuestra gente– desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas... Él vive entre los ciudadanos promoviendo la caridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero».

Jesucristo, en el Evangelio que leemos este domingo [Jn 14, 15-21], termina diciéndonos con claridad esta exigencia de poner en práctica lo que creemos: «El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama, y el que me ama será amado por mi Padre». En la comprensión y puesta en práctica de la vocación y misión de los laicos en nuestro tiempo, recae uno de los grandes desafíos de este inicio de siglo.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!


Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

lunes, 15 de mayo de 2017

El Papa contrapone Fátima a Medjugorie



“Prefiero la Virgen Madre que la empleada de Correos”

Gabriel Ariza 13 Mayo, 2017
Infovaticana

Francisco ha concedido la tradicional rueda de prensa en el avión a su regreso del viaje a Fátima.
........................

En Fátima hemos visto un gran testimonio de fe popular, la misma que se ve en Medjugorje. ¿Qué piensa sobre las apariciones y sobre el fervor religioso que han suscitado, puesto que decidió nombrar a un obispo delegado para los aspectos pastorales?

Todas las apariciones o las presuntas apariciones pertenecen a la esfera privada, no son parte del magisterio público ordinario. Para Medjugorje Benedicto XVI instituyó una comisión presidida por el cardenal Ruini. Yo recibí el resultado, estaba compuesta por buenos teólogos, obispos y cardenales. La relación de la comisión es muy, muy buena.
Había algunas dudas en la Congregación para la Doctrina de la Fe, y el dicasterio consideró oportuno enviarle a cada uno de los miembros de la Feria IV (la reunión mensual de la Congregación) toda la documentación, incluso los pareceres contrarios a la relación Ruini. Yo recibí la notificación un sábado, ya tarde. No me pareció correcto: era como “subastar” la relación Ruini, que está muy bien hecha. El domingo por la mañana, el Prefecto de la Doctrina de la Fe recibió una carta en la que le pido que envíe a la Feria IV esas opiniones en contra, que me las envíe a mí personalmente.

Estos pareceres fueron estudiados, todos (subrayo: todos). La relación Ruini afirma que hay que distinguir las primeras apariciones, cuando los videntes eran chicos y dice que hay que seguir investigando esas. Sobre las presuntas apariciones actuales, la relación presenta sus dudas.

Yo, personalmente, soy más malo, prefiero a la Virgen Madre que a la Virgen que se vuelve encargada de una oficina de telégrafos y envía un mensaje cada día. Y estas presuntas apariciones no tienen tanto valor: esto lo sigo como opinión personal. Hay quienes piensan que la Virgen dice: “Vengan, ese día tal, a tal hora, le voy a dar un mensaje a ese vidente”.


Luego, tercer punto, está el hecho espiritual y pastoral, el nudo de la relación: gente que se convierte, que encuentra a Dios, que cambia de vida. Y esto no gracias a una varita mágica. Este hecho no se puede negar. Ahora, para ver esto, nombré a un buen obispo (monseñor Hoser, ndr.), que tiene experiencia para ocuparse de la parte pastoral. Al final se dirá algo.

viernes, 12 de mayo de 2017

Aclaración importante

‘No se pueden tener dos tipos de cristianismo’

INFOVATICANA
12 Mayo, 2017
El cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, señala: “Si somos cristianos, somos cristianos. Hay que asumir las consecuencias. Si nos casamos como cristianos, debemos asumir las consecuencias”
En una entrevista concedida al medio portugués Observadorel cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, asegura que “no se pueden tener dos tipos de cristianismo: uno para una élite, que respeta la palabra de Dios, y otro para otros, a quienes se imponen ciertos derechos y sacramentos, dejando correr la vida tal como es”.
“Si somos cristianos, somos cristianos. Hay que asumir las consecuencias. Si nos casamos como cristianos, debemos asumir las consecuencias”, ha defendido Müller, al tiempo que ha recordado el deber de respetar la realidad del sacramento que se recibe.
El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe ha subrayado que el sacramento del matrimonio “es indisoluble por la voluntad de Dios” y “nadie puede cambiar eso”. Sobre los católicos que contrajeron matrimonio y después se divorciaron, Müller señala: “Una posibilidad es volver al legítimo esposo o bien renunciar a las relaciones que no son válidas.”
Preguntado por las diversas interpretaciones de Amoris laetitia, el purpurado alemán responde: “No creo que el Papa haya cambiado la doctrina de la Iglesia, la doctrina dogmática no se puede cambiar porque se basa en la Revelación y el magisterio de la Iglesia.”
“El Papa Francisco, en relación con la doctrina del matrimonio, ya ha dicho que es muy clara y que está muy bien formulada y no sólo está relacionada con las palabras de la Biblia, resulta de la doctrina establecida a lo largo de dos mil años”, apunta.
En este sentido, Müller sostiene que “no podemos ignorar el Concilio de Trento, por ejemplo, o la doctrina sobre el matrimonio redactada en la [Constitución pastoral] GS resultante del Vaticano II, ni lo que se dice en la [exhortación apostólica] Familiaris Consortio [de Juan Pablo II ], o en la encíclica Caritas in veritate, del Papa Benedicto XVI”.
El problema de hoy en día, según señala Müller, es cómo dirigirse al gran número de personas que no entienden la doctrina cristiana en relación con el matrimonio y que comparten otra mentalidad que no es favorable a la vida y prácticas cristianas.

lunes, 8 de mayo de 2017

Francisco a seminaristas

 Huir del formalismo y del clericalismo

Aica, 6 May 2017

El papa Francisco recibió en la mañana del sábado a la comunidad del Pontificio Seminario Campano de Posillipo.

Queridos hermanos obispos y sacerdotes, queridos seminaristas,

Los encuentro con alegría -a mí me gusta encontrar a los seminaristas- y saludo a todos los que formáis la comunidad del Pontificio Seminario Campano interregional, acompañados por algunos obispos de la Región. Doy gracias al Rector por sus palabras y os saludo de una manera especial a vosotros, queridos seminaristas, que, gracias a Dios, sois numerosos.

Vuestro seminario es un caso singular en la actual escena eclesial italiana. Fundado en 1912 por la voluntad de San Pío X, como ocurría con varias instituciones educativas en aquella época, se confió inmediatamente a la dirección de los Padres Jesuitas que lo han guíado a través de las notables transformaciones sucedidas en más de cien años y actualmente es el único seminario en Italia dirigida por la Compañía de Jesús. En las últimas décadas ha aumentado cada vez más la colaboración y la interacción con las Iglesias diocesanas que, además de enviar a los jóvenes candidatos al sacerdocio, se preocupan por encontrar entre sus presbíteros figuras adecuadas para la formación. Animo este camino significativo y fecundo de comunión eclesial, en el que cada diócesis, con sus pastores, están invirtiendo recursos considerables. 

Una comunidad formativa interdiocesana supone una indudable oportunidad para el enriquecimiento, en virtud de las diferentes sensibilidades y experiencias de las que cada uno es portador y es capaz de educar a los futuros presbíteros para que se sientan parte de la única Iglesia de Cristo, ampliando siempre el aliento de su sueño vocacional con auténtico espíritu misionero (cf. Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, 91), que no debilita, sino que más bien consolida y motiva el sentido de pertenencia a la Iglesia particular. En este tiempo, cuando todos no sentimos pequeños, tal vez impotentes frente al reto educativo, caminar juntos en verdadero espíritu "sinodal", es una decisión vencedora, que nos ayuda a sentirnos sostenidos, estimulados y enriquecidos mutuamente. Este ejercicio de comunión se enriquece aún más por el encuentro con la rica tradición espiritual y pedagógica ignaciana que tiene en los Ejercicios Espirituales un punto de referencia, en la que os habéis inspirado para vuestro proyecto de formación, mediando, así con "fidelidad creativa" las indicaciones que proceden del magisterio de la Iglesia.

Estimados educadores, formar a la espiritualidad propia del presbítero diocesano de acuerdo con la pedagogía de los Ejercicios de San Ignacio es vuestra misión: un reto arduo, pero al mismo tiempo emocionante, que tiene la responsabilidad de indicar la dirección para el futuro ministerio sacerdotal. Debo señalar aquí tres aspectos que considero importantes.

Educar según el estilo ignaciano significa en primer lugar, favorecer en la persona la integración armoniosa a partir de la centralidad de la amistad personal con el Señor Jesús. Es precisamente la primacía dada a la relación con el Señor, que nos llama "amigos" (Jn 15.: , 15), la que hace posible vivir una espiritualidad sólida, profunda, pero no desencarnada. Por lo tanto, es importante conocer, aceptar y reformar continuamente la propia humanidad. No cansarse nunca de ir adelante, reformar: siempre en camino. En este sentido, incluso la formación intelectual no tiende a ser el simple aprendizaje de nociones para convertirse en eruditos,- ¡no sois un diccionario!- sino que quiere facilitar la adquisición de instrumentos cada vez más refinados para una lectura crítica de la realidad partiendo de sí mismos. "Tú eres el Cristo" - "Tú eres Pedro" (Mt 16,16.18): todo el camino vocacional como para Simón Pedro y los primeros discípulos, gira en torno a un diálogo de amor, de amistad, en el que, mientras reconocemos a Jesús como el Mesías, el Señor de nuestras vidas, El nos da el nombre "nuevo", que encierra nuestra vocación, indica nuestra misión, que el Padre conoce y custodia desde siempre. El descubrimiento de nuestro nuevo nombre, el nombre que mejor nos define, el más auténtico, pasa a través de nuestra capacidad de dar nombres gradualmente a las diferentes experiencias que animan nuestra humanidad. 

Llamar a las cosas por su nombre es el primer paso para conocerse a sí mismo y para conocer, pues, la voluntad de Dios en nuestras vidas. Queridos seminaristas, no tengáis miedo de llamar a las cosas por su nombre, de mirar cara a cara la verdad de vuestra vida y de abriros en transparencia y verdad a los demás, especialmente a vuestros formadores, huyendo de la tentación del formalismo y del clericalismo, que están siempre en la raíz de la doble vida.

Y precisamente el discernimiento es el segundo punto que me gustaría destacar. La educación para el discernimiento no es una exclusiva de la propuesta ignaciana, pero es sin duda su punto fuerte. El tiempo del seminario es un tiempo de discernimiento por excelencia, en el que, gracias al acompañamiento de los que, al igual que Eli y Samuel (cf. 1 Sam 3), ayudan a los jóvenes a reconocer la voz del Señor en medio de las muchas voces que resuenan y a veces retruenan en los oídos y en los corazones. Pero en esta época el ejercicio del discernimiento debe convertirse en un verdadero arte de la educación, porque el sacerdote es un verdadero "hombre de conocimiento" (cf. Ratio fundamentalis, 43). Hoy más que nunca – lo ha dicho el Rector- el sacerdote está llamado a guiar a los cristianos a discernir los signos de los tiempos, para saber cómo reconocer la voz de Dios en la multitud de voces, a menudo confusas, que se superponen con mensajes contrapuestos, en nuestro mundo caracterizado por una pluralidad de sensibilidades culturales y religiosas. 

Para ser un experto en el arte del discernimiento en primer lugar hay que estar muy familiarizado con la escucha de la Palabra de Dios, pero también con un conocimiento cada vez mayor de uno mismo, del mundo interior propio, de los afectos y de los miedos . Para llegar a ser hombres de discernimiento, es necesario, además, ser valientes, decirse la verdad a sí mismos. El discernimiento es una elección valiente, a diferencia de los caminos más cómodos y reductivos del rigor y la laxitud, como he reiterado a menudo. Educar al discernimiento quiere decir, además, escapar a la tentación de refugiarse detrás de una regla estricta o detrás de la imagen de una libertad idealizada. Educar al discernimiento significa "exponerse" salir del mundo de las convicciones y prejuicios propios para abrirse a entender cómo Dios nos habla hoy, en este mundo, en este tiempo, en este momento y como me habla a mí, ahora.

Finalmente, la formación para el sacerdocio de acuerdo a un estilo ignaciano significa siempre abrirse a la dimensión del Reino de Dios, cultivando el deseo del "magis", de ese "algo más" en la generosidad de darnos al Señor y a los hermanos , que siempre está ante nosotros. Para este año de formación habéis elegido el tema "Buscad primero el reino de Dios y su justicia" (Mt 6,36): Esto os ayudará a ampliar el alcance de vuestra educación, a no contentaros solamente con desempeñar un rol, de llevar un vestido, os ayudará a no tener prisa para terminar vuestro camino, sino a hacer más sólida vuestra estructura humana y espiritual. Buscar el Reino nos ayuda a no asentarnos en lo que ya hemos logrado, a no sentarnos sobre nuestros éxitos, sino a cultivar esa santa inquietud de los que quieren ante todo servir al Señor en nuestros hermanos. La inquietud amplía el alma y la hace más capaz de recibir el amor de Dios.Buscar el Reino significa rehuir la lógica de la mediocridad y de lo "mínimo indispensable ", para abrirse a descubrir los grandes sueños de Dios para nosotros. 

Buscar el Reino significa buscar la justicia de Dios y trabajar para que nuestras relaciones, las comunidades, nuestras ciudades sean transformadas por el amor misericordioso de Dios, que escucha el grito de los pobres (cf. Sal 34,7). La búsqueda de la verdadera justicia debe fomentar en el llamado una creciente libertad interior hacia los bienes, los reconocimientos de este mundo, hacia los que sufren y hacia su propia vocación. Libertad interior hacia los bienes: quiero subrayarlo. Es el primer feo peldaño. No lo olvidéis: el diablo entra por los bolsillos, siempre; después está la vanidad y luego el orgullo, la soberbia, y así se acaba. Los jóvenes que han decidido seguir al Señor en el sacerdocio, están llamados de hecho a cultivar la amistad con Jesús, que se manifiesta de una manera privilegiada en el amor a los pobres, a fin de ser "testigos de la pobreza, a través de la simplicidad y la austeridad de la vida, para convertirse en promotores honestos y creíbles de una verdadera justicia social "(Ratio fundamentalis, 111) .


Por la intercesión de María, Reina de los Apóstoles, del obispo de San Alfonso María de Ligorio y de San Ignacio Loyola, maestro de discernimiento, el Señor os conceda continuar con alegría y fidelidad vuestro camino, siguiendo la tradición luminosa de la formaís part. Os doy las gracias y os pido que, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.+ 

sábado, 6 de mayo de 2017

Marciano Vidal

 «Amoris Laetitia es la contra Veritatis Splendor»

(InfoCatólica) 5-5-17

El teólogo moralista Marciano Vidal intervino ayer en la última jornada de las II Conversaciones de PPC, organizadas por la editorial PPC y el Instituto Superior de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca en torno a la segunda exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia y los desafíos pastorales para la Iglesia española hoy.

Tal y como informa Religión Digital, Vidal, cuya doctrina moral ha sido condenada por la Iglesia, aseguró que «Amoris Laetitia es la contra Veritatis Splendor (ndr: encíclica de San Juan Pablo II), es decir un texto que deseábamos como reparación a ese otro que frenó la renovación de la Teología moral del Vaticano II».

El moralista heterodoxo reconoció que en torno a Amoris Laeitita  «hay un conflicto de interpretaciones», que «responde a las distintas eclesiologías». De ahí que, según él, este conflicto constituya «una radiografía de las diversas tendencias eclesiológicas de la Iglesia actual». Vidal pretende que dicho conflicto se da entre los que quieren «seguir en la dinámica del poder», los que pretenden seguir «entre una ribera y la otra del río», y los que apuestan por una «Iglesia normal y sencilla, que acepta lo que dice el Papa».

Marciano Vidal aseveró que el texto del papa Francisco «no habla de la procreación, que es uno de los problemas que trae a la Iglesia la 'Humanae vitae'» de Pablo VI. A su juicio, esta encíclica «no se practica en absoluto» y habría que renovarla, en el sentido en que lo hicieron los anglicanos, aceptando que los matrimonios elijan «los métodos contraceptivos».

Comunión de quienes viven en adulterio

Vidal expuso las diversas tesis sobre el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar, pero recordó que el papa Francisco avaló la interpretación de los obispos de Buenos Aires, contraria al magisterio de San Juan Pablo II en la exhortación Familiaris consortio, en el sentido de que «los divorciados vueltos a casar pueden comulgar».

El propio Vidal fue más allá e indicó como criterios para la comunión de los divorciados vueltos a casar el que «no se ofendan derechos de terceros; que la nueva situación sea más cristiana y más correcta; que no haya escándalo en la comunidad, y que no se quiera comulgar por prestigio social». Siguiendo estos criterios, «la decisión es del creyente laico, sin que esté ni siquiera obligado a acudir al diálogo pastoral con el sacerdote».

El moralista redentorista se permitió igualmente despreciar públicamente al cardenal Cafarra, que es uno de los cuatro purpurados que solicitaron al Papa aclaraciones sobre el capítulo VIII de Amoris Laetitia. Dijo:

«He sido compañero de estudio de uno de esos cardenales, Carlo Cafarra, ya entonces listísimo, pero que ya tenía sus cosas. ¿Cómo un cardenal tan listo puede decir algo así? La Familiaris Consortio dice que los divorciados vueltos a casar son cristianos como todos los demás, pero no pueden participar en la comunión eucarística. O siendo más preciso, dice que sí pueden comulgar, si viven como hermanos. Por lo tanto, la razón no está en la teología del matrimonio, sino en la sexualidad».

Las principales obras de Marciano Vidal, reprobadas por la Iglesia

La Santa Sede emitió en 2001 una Notificación reprobatoria de tres principales obras del P. Marciano Vidal, culminando así un lento proceso de análisis, sólamente iniciado en diciembre de 1997. La Congregación para la Doctrina de la Fe (22-II-2001), después de analizar tres de sus obras –Moral de actitudes, el Diccionario de ética teológica y La propuesta moral de Juan Pablo II–, estima necesario advertir que estos textos «no pueden ser utilizados para la formación teológica, y que el autor debe reelaborar especialmente Moral de Actitudes, bajo la supervisión de la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal Española».

Dicha Comisión episcopal, que nunca se había pronunciado sobre la obra de Marciano Vidal, hizo pública su adhesión al dictamen de la Congregación romana poco después de la Notificación (A propósito de la Notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre algunos escritos del P. Marciano Vidal, 15-V-2001).

El cardenal Osoro apoyó el evento


El evento en el que participó Marciano Vidal fue inaugurado por el cardenal y arzobispo de Madrid, S.E.R Carlos Osoro, quien aseguró que esta segunda edición de las Conversaciones PPC era una gran oportunidad para profundizar en la importancia de que «la Iglesia se acerque a la familia. La gente no necesita que nos acerquemos a ellos con imposiciones, sino para escuchar», dijo Osoro, y concluyó afirmando: «amar a pesar de todo es algo a lo que nos invita Amoris laetitia». 

jueves, 4 de mayo de 2017

Carta de Mons. Martínez, obispo de Misiones

para el tercer domingo de Pascua (30 de abril de 2017)

Aica, 4-5-17

«Compartir da vida»

...................

El próximo fin de semana -6 y 7 de mayo- realizamos en nuestra Diócesis la catequesis y campaña sobre el sostenimiento de la Iglesia Católica. Muchos desconocen cuáles son los ingresos y egresos que tiene la Iglesia Diocesana para realizar su acción evangelizadora. 
El comprender esto nos permitirá entender la necesidad de aportar nuestro «tiempo, talento y dinero», para ayudar a anunciar el Reino de Dios. Gran parte del sostenimiento se hace con el esfuerzo de las comunidades y la comunión de bienes, colectas y ayudas de Diócesis y de Iglesias hermanas. Quiero resaltar fundamentalmente las ayudas de organizaciones católicas sobre todo europeas, y de «Adveniat», que es una organización de la Conferencia Episcopal Alemana, que con su aporte nos permite renovar gran parte de los vehículos que se utilizan en las parroquias para la acción pastoral, así como muchas infraestructuras necesarias para la tarea evangelizadora.

La multiplicación de la población hace que las comunidades tengan que buscar terrenos, armar nuevos salones, capillas y generar recursos con beneficios, ventas de pollo, comidas…en varios casos hemos tenido la colaboración del Estado Provincial, y también de donaciones privadas, pero todo es escaso ante el crecimiento de nuevas comunidades y necesidades. El mismo sostenimiento del Seminario Mayor, Santo Cura de Ars, en gran proporción se realiza con las colectas de Confirmación que en su totalidad son destinadas para el Seminario, una colecta anual en agosto, y los bonos de ayuda, así como donaciones particulares. La acción evangelizadora de la Iglesia implica el tiempo de mucha gente, y el poner dones y talentos al servicio de los otros. Todo esto es posible, en gran medida, por el voluntariado, fruto de la gratuidad, de la entrega al servicio del anuncio del Reino. A la vez, se ve con claridad cómo la Providencia de Dios va acompañando.

Con todo, el sostenimiento de esta obra requiere contar con fondos para costear los diversos encuentros de capacitación de adultos y jóvenes, la formación específica de sacerdotes que estudian fuera del país, la infraestructura de salones multiusos para catequesis y Cáritas. También la vivienda y movilidad para las nuevas parroquias. Todo eso se sostiene con la comunión de bienes, de dones y trabajo voluntario de nuestra gente.

La catequesis y la colecta del próximo fin de semana es una oportunidad para valorar y acompañar la tarea que realizan los laicos en sus distintos servicios, su formación, la participación en encuentros diocesanos, regionales, nacionales y su forma de organización pastoral. Es una oportunidad también para reflexionar sobre las exigencias pastorales necesarias para realizar el mandato del Señor de evangelizar. Junto con los laicos, necesitamos contar con sacerdotes, y consagrados que ponen su esfuerzo, tiempo y dones.

Quiero agradecer los frutos de la colecta de cuaresma llamada del 1%, con la cual estamos ayudando a nuestros hermanos que necesitan el mejoramiento de sus viviendas, ranchos y letrinas. Este acto de caridad hacia los hermanos necesitados hace que nuestra tarea evangelizadora sea consistente. Pido a Dios que todos nos sintamos responsables de la evangelización de la Iglesia.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!


Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

La fe de muchos creyentes está fría



Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
 para el tercer domingo de Pascua (30 de abril de 2017)

Aica,  4 May 2017  
  
“Quédate con nosotros pues el día ya declina" (Lc.24,29)


El mismo día de Pascua Jesús bajo las apariencias de un caminante, se junta con dos discípulos que se dirigen a Emaús, iban hablando entre si de los hechos que habían sucedido en Jerusalén el viernes anterior (Lc.4,13-35); de cómo habían crucificado a Jesús y le habían dado muerte. Ellos no le reconocen, lo ven como un simple caminante que ni siquiera se enteró de lo que había pasado, y como hace todo el mundo que anda por los caminos, se ponen a conversar con él.

Recordemos que María Magdalena tampoco lo había reconocido. Ellos no lo reconocen por creer que todo había terminado para siempre, habían creído en Jesús, varón y profeta, grande en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. Pero su condena a muerte y su crucifixión los había desilusionado: “Nosotros esperábamos que él sería quien rescataría a Israel; pero ya van tres días desde que esto ha sucedido”. Saben lo que han visto las mujeres, el sepulcro vacío…pero están tristes porque ellos no lo han visto.

¡No se dan cuenta que Jesús está a su lado caminando con ellos el camino a Emaús! La idea de un Jesús político que habría asegurado la prosperidad a Israel le ha impedido reconocer a Cristo el Salvador prometido. ¿Cómo esperar salvación de quien ha muerto colgado de un madero? Jesús habla y les explica las escrituras y todo lo que los Profetas y las Escrituras habían dicho del Mesías, pero ellos prendados de sus sentidos que nada percibieron ni vieron, siguen sin reconocerlo. Quién no cree en la resurrección del Señor no puede aceptar el misterio de su muerte redentora. Los Profetas lo habían anunciado y Jesús lo había predicho; los dos discípulos lo saben y más aún el Señor está con ellos explicándole las Escrituras y todo lo que dicen sobre El; pero “ellos no creen”. A María Magdalena le había bastado escuchar su nombre para reconocer al Maestro; a ellos no le basta ni la voz, ni el largo conversar con él, ni oírle predicar las Escrituras!!

De hecho muchos de nosotros podemos caminar con Jesús a nuestro lado y no reconocerle; entender lo que nos explica de las Escrituras y tener un gran conocimiento de ellas…pero no escuchar ni reconocer la voz del Señor. Muchos podemos tener un conocimiento erudito de las escrituras y de los aspectos profundos de la teología, pero no reconocer al Señor. No haber dado el “salto” entre “el conocer y el creer” y entre tanta teología saber que solo una cosa es necesaria: Creer que Jesús ha resucitado de entre los muertos y nos ha dado vida y vida en abundancia. Ni siquiera ver al Señor para creer, si la fe no nos ilumina interiormente, nada podemos hacer, por eso clamamos con los Apóstoles…” señor acrecienta nuestra fe.

No obstante “sienten arder sus corazones frente a sus palabras” de allí que lo invitan a comer y estando con ellos en la mesa “tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio, se les abrieron los ojos y le reconocieron”, ¿sería que los discípulos estuvieran presentes en la última cena? Nada sabemos, lo que sí sabemos que en este clima de oración y silencio Jesús se manifiesta… ¡al partir el pan! Gesto eucarístico y trascendente por los siglos en la Iglesia.

Los discípulos de Emaús habían entrado en un diálogo íntimo y profundo con el Señor y en ese clima de oración e intimidad es que Jesús se manifiesta y se da a conocer. Y la “eucaristía será el gran signo de su presencia y compañía”.

Hoy la fe de muchos creyentes, aún sacerdotes y religiosas, está fría, casi dormida, muchas veces llena de erudición, pero dormida incapaz de transformar la vida y de llenar de gozo el corazón, esto se debe a la falta de intimidad y oración con el Señor, esa relación íntima profunda y personal, alimentada por la fe, es la que nos hace vivir la certeza de que Dios basta…Que Cristo vive!

Pocos son los que niegan que Jesús haya existido y hasta admiten la historicidad de los evangelios, pero no creen en él como una persona viva y presente en sus vidas, que desea ser el compañero de camino y el huésped de sus corazones. ¿Será para nosotros la Eucaristía el banquete que nos alimenta en la vida del misterio de Cristo Muerto y Resucitado? “¡Quédate con nosotros Señor! Que brote de nuestros corazones pues tenemos la certeza de que El es la única Verdad en el tiempo y la historia.

Que la Virgen María nos lleve al conocimiento íntimo de Jesús y nos haga gozar de su presencia.


Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú