martes, 13 de febrero de 2018

Veritatis Gaudium y la teología tomista


P. Francisco José Delgado

Infocatolica, 30.01.18

El Papa Francisco acaba de promulgar la Constitución Apostólica Veritatis Gaudium, sobre las Universidades y Facultades Eclesiásticas. No es mi intención comentar el documento completo, sobre todo porque no me parece que tenga la capacidad para hacerlo de manera provechosa. Sí quisiera, sin embargo, poner atención sobre un punto sobre el que creo poder decir algo.

En el artículo 64 de las Normas aplicativas de la Congregación para la Educación Católica que acompañan y desarrollan la Constitución Apostólica se puede leer, referente a la Facultad de Filosofía: «La investigación y la enseñanza de la filosofía en una Facultad eclesiástica de Filosofía deben basarse “en el patrimonio filosófico perennemente válido”, que se ha desarrollado a lo largo de la historia, teniendo en cuenta particularmente la obra de Santo Tomás de Aquino».

A los que nos dedicamos al estudio de Santo Tomás nos alegra enormemente que se haga mención explícita del Aquinate en este documento, algo que faltaba, en cierto sentido, en la Sapientia Christiana de San Juan Pablo II, que era el documento magisterial que viene ahora modificado. En este documento, Santo Tomás no aparecía en el cuerpo, sino en dos notas a pie, citando la Carta Apostólica Lumen Ecclesiae del beato Pablo VI.
El problema que me gustaría señalar, y que trasciende el ámbito del documento en cuestión, es el de obviar el papel de Santo Tomás en la enseñanza de la teología y, particularmente, de la teología especulativa o dogmática. Hoy en día, y especialmente tras la memorable Aeterni Patris del Papa León XIII, es muy frecuente, gracias a Dios, señalar el papel fundamental que ha de tener la filosofía perenne enseñada por Santo Tomás de Aquino en la formación católica. Es cierto que en el documento se encuentran no pocas menciones a la ciencia teológica, y en concreto a la teología escolástica, pero el título que señala el documento, «sobre la restauración de la filosofía cristiana conforme a la doctrina de Santo Tomás de Aquino», hace que la teología quede, en cierto sentido, en un segundo plano.

Efectivamente, en el momento en el que está redactada esta encíclica, uno de los mayores peligros se encontraba en el fomento de sistemas de pensamiento absolutamente inadecuados para desempeñar el servicio a la teología al que está llamada la filosofía cristiana. Lógicamente, y con toda la razón, se ha insistido en la crucial importancia que tuvo la obra filosófica de Santo Tomás. Su labor de corrección e integración de los principios válidos de los grandes sistemas filosóficos que confluyeron en la naciente Universidad del momento dotó a la Sagrada Doctrina de un conjunto de preciosas herramientas que, en un momento de gran crisis, preservó el equilibrio sapiencial de las Ciencias Sagradas.

Insistir en la grandeza de la filosofía tomista es justo y necesario, pero no se debe olvidar un dato muy importante: Santo Tomás no se consideraba filósofo. Uno de los estudiosos actuales más importantes de la filosofía tomista, Pasquale Porro, nos dice que «es un dato de hecho que Tomás no se consideraba en absoluto un filósofo: a sus ojos, la filosofía en general representaba más bien una estación quizá gloriosa, pero ya cerrada, circunscrita esencialmente a los griegos y a los árabes; una experiencia de la que hablar conjugando los verbos en pasado»[1]. El libro del que he extraído estas palabras pretende, precisamente, elaborar un perfil histórico-filosófico de Santo Tomás, algo que es posible e incluso necesario. Por tanto, hemos de decir que, en cierto sentido, Santo Tomás era filósofo.

Pero sobre todo Santo Tomás era teólogo. Su actividad académica se mantuvo siempre en el ámbito específico de la teología, disciplina a la que se arribaba, en efecto, después de conseguir el grado de Maestro de Artes, es decir, de acreditar un conocimiento suficiente de la filosofía. Una vez completado el comentario a los Cuatro Libros de las Sentencias, obra de Pedro Lombardo, Santo Tomás dedicó su actividad docente al comentario de la Sagrada Escritura como magister in sacra pagina. Por otro lado, participaba en cuestiones disputadas, fundamentales en la vida académica universitaria, sobre cuestiones de ámbito teológico. Y sus dos grandes Sumas, la Suma Teológica y la Suma Contra Gentiles son, ambas, tratados de teología.

Es cierto que una gran parte del corpus tomista son los comentarios a las obras de Aristóteles. Sin embargo, la opinión más común de sus biógrafos es que Santo Tomás emprendió estos comentarios movido por el interés que tenían para la teología, empezando por el tratado Sobre el alma. Torrell, citando a Gaulthier, dice que «debemos enfatizar que este trabajo en su origen nació de la práctica de la profesión de teólogo». Con Weisheipl opina que «Tomás nunca habría dedicado su tiempo y energía a estos comentarios si no hubiera visto en ellos una urgente labor apostólica»[2].

¿Qué papel otorga la Veritatis Gaudium a Santo Tomás en el panorama de las Universidades y Facultades Eclesiásticas? Según hemos dicho, en este documento la atención a la doctrina tomista se cita explícitamente sólo en la Facultad de Filosofía, siempre dentro de las Normas aplicativas de la Congregación para la Educación Católica. En el apartado dedicado a la facultad de Teología se hace una referencia en una nota al pie, semejante a la que se hacía en la Sapientia Christiana, citando la Lumen Ecclesiae. En cierto sentido, por tanto, aumenta algo la visibilidad del Doctor Común en el documento actual, aunque hubiera visto mucho mejor que se insistiera más en la centralidad que debe ocupar la doctrina tomista dentro del estudio de la teología.

Porque bajo la insistencia en la filosofía tomista y la exclusión o solapamiento de la teología tomista, se puede ocultar un prejuicio muy común en las últimas décadas y que es enormemente perjudicial para la necesaria restauración de la teología católica. El prejuicio es el de pensar que la teología tomista no es más que una filosofía y que hoy la teología escolástica en general es algo pasado de moda y ajeno al «espíritu del Vaticano II». Los que insisten en esta visión suelen decir que la teología escolástica era excesivamente racionalista y no tenía una perspectiva bíblica. Y es muy frecuente contraponerla a la «teología arrodillada», haciendo un uso bastante desviado de la ya de por sí desafortunada expresión, en mi opinión, de von Balthasar.

Nada más lejos de la realidad. Como hemos dicho, la base de la teología tomista es un estudio atento y fiel de la Sagrada Escritura, desde la mente de la Iglesia, expresada de manera privilegiada por los Santos Padres. A los datos positivos de la fe recogidos de esta escucha de la Biblia se aplica la razón, de acuerdo con la metodología de la ciencia. Eso es el fides quaerens intellectum, en que ha consistido siempre la Sagrada Doctrina para la tradición católica. Además, se trata de la teología elaborada por un santo, que se ha santificado precisamente en la profesión de teólogo. Servir a Cristo para Santo Tomás ha consistido en aplicar su razón al Misterio para poder transmitir mejor aquello que contemplaba en el estudio, la oración y, de forma particular, la celebración de la Santa Misa.

Santo Tomás consiguió realizar una síntesis teológica sin precedentes y sin nada que se le haya aproximado después. San Pío V reconocía, al proclamarlo Doctor de la Iglesia, que la doctrina tomista había disipado los errores de los herejes surgidos después de su canonización. De hecho, la razón de esta proclamación fue, muy posiblemente, el reconocimiento de que sin la síntesis teológica tomista hubiera sido muy difícil hacer una réplica contundente a los errores de la herejía protestante, que asolaba la cristiandad europea en ese momento. Y el recurso a la exposición tomista de la doctrina católica no ha dejado de ser eficaz hasta hoy.

En definitiva, es evidente la necesidad que tiene la Iglesia de una filosofía cristiana de inspiración genuinamente tomista. Pero mucho más necesaria es una teología profundamente tomista, que suponga la aplicación del método de tal filosofía a los principios que la fe recibe de las fuentes de la Revelación. En la crisis actual de la fe, la teología y el magisterio, el recurso a la síntesis teológica tomista es, a mi entender, el único camino para la recuperación de la única Tradición en la que se puede ser católico.

Al final, no se trata de otra cosa que la que dice el mismo Papa Francisco que se propone con el documento al que nos estamos refiriendo: «una oportuna revisión y actualización […] a las directrices del Vaticano II». Precisamente en las directrices del Vaticano II a este respecto lo que leemos es lo siguiente: «aprendan luego los alumnos a ilustrar los misterios de la salvación, cuanto más puedan, y comprenderlos más profundamente y observar sus mutuas relaciones por medio de la especulación, siguiendo las enseñanzas de Santo Tomás» (Optatam Totius, 16).


[1] Pasquale PORRO, Tommaso d’Aquino. Un profilo storico-filosofico, Roma, 2014, p. 13.


[2] Jean-Pierre TORRELL, O.P., Saint Thomas Aquinas, v. I: The person and his work, Washington D.C., 2005, p. 174.

lunes, 12 de febrero de 2018

Excusas para una guerra


Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote
catolicos-on-line, 12-2-18

Dice un viejo refrán que “cuando quieras matar a tu perro debes decir que está rabioso”. O sea, cuando quieras romper con alguien, provócale hasta que salte y entonces te dé una excusa para terminar con él. Los Estados lo han hecho así muchas veces a lo largo de la historia: buscaban un “casus belli”, una justificación para empezar una guerra que deseaban, y si no la encontraban la creaban.

Tengo la impresión de que algo así puede estar pasando en la Iglesia. Las cosas que suceden son tan rápidas y disparatadas que, o bien se debe a que los que las provocan ven con angustia que se les acaba el tiempo, o a que están buscando una reacción por parte de los que se sienten ofendidos por ellas.

No es normal que, en una misma semana, por ejemplo, los obispos alemanes se salten la prohibición que en su día les dio el Vaticano de dar certificados que permitan el aborto y, además, afirmen que van a bendecir las uniones homosexuales. O que uno de los más próximos colaboradores del Papa Francisco, el argentino monseñor Sánchez Sorondo, diga que en la China es donde mejor se aplica la doctrina social de la Iglesia, mientras que el cardenal Zen, emérito de Hong Kong, denuncia la represión del régimen comunista. No es normal que, mientras se está produciendo la mayor tragedia de las últimas décadas en Venezuela -con un millón de refugiados que han cruzado una de los pasos fronterizos con Colombia, el de Cúcuta, tan sólo durante el mes de diciembre- desde el Vaticano no haya una llamada internacional urgente para resolverlo, a la vez que una durísima crítica al régimen dictatorial que está provocando ese éxodo. No es normal que se publique en la web de la Pontificia Academia para la Vida un artículo en el que se dice que el uso de la píldora anticonceptiva debería ser permitido, mientras que un numeroso grupo de católicos conversos del Islam escriben una dura carta al Papa en la que dicen sentirse abandonados por la Iglesia.

Como digo, los que provocan estas cosas, o tienen la impresión de que el tiempo para las reformas se les termina -y quizá alguno tenga datos que la mayoría ignora- y quieren aplicar la teoría de los hechos consumados, o están buscando que los que defienden la fidelidad a la Palabra de Dios y a la Tradición se vayan de la Iglesia creando un cisma. O las dos cosas. Al principio, cuando empezaron los debates sobre la comunión de los divorciados vueltos a casar, se habló de la posibilidad de un cisma si eso sucedía. Luego, la “Amoris Laetitia” lo dejó en una ambigüedad tal que se podía interpretar en un sentido o en otro. Aquella confusión aún sin resolver ha dado paso a otras cosas, como las que he citado que han ocurrido esta semana. Son demasiadas y demasiado juntas. Hay demasiada aceleración, y eso sólo se produce cuando el que conduce ya no lleva el control o cuando se quiere que el coche se salga de la carretera y choque. No sé si se podrá aplicar aquello de Shakespeare de que hay algo podrido en Dinamarca, pero desde luego esto no es normal. Yo no sé por qué, pero seguro que alguien lo sabe, y no me refiero a Dios, que lo sabe todo.


Sólo queda rezar y tener calma. La solución del cisma es muy mala solución, entre otras cosas porque quizá es lo que estén buscando los que están dando golpes al fiel perro guardián para que se enfade y poder decir que está rabioso.

P. Cervellera


explica a Sorondo por qué China no es el País de las Maravillas

Religión en Libertad, 8 febrero 2018


El obispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo, desde 1998 Canciller de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, declaró recientemente en la versión española del Vatican Insider del 2 de febrero, que “en este momento, los que mejor realizan la doctrina social de la Iglesia son los chinos”.

Sánchez Sorondo acababa de volver de su primer viaje a China y mostraba cierto entusiasmo. “Subordinan las cosas al bien común. “Encontré una China extraordinaria: lo que la gente no entiende es que el principio central chino es el trabajo, trabajo, trabajo. No hay otra cosa. En el fondo es como decía San Pablo: quien no trabaja, no coma. No hay favelas, no tienen droga, los jóvenes no usan droga. Hay como una conciencia nacional positiva, ellos desean demostrar que cambiaron, que aceptan la propiedad privada”. Afirma que así lo cree también el economista Stefano Zamagni, nacido en 1931. "Me lo aseguró Stefano Zamagni, un economista tradicional, muy considerado en todas las épocas, por todos los Papas", precisó.

Pero no está de acuerdo Bernardo Cervellera, periodista, sacerdote y misionero, director de la agencia AsiaNews y antiguo director de Agencia Fides. Cervellera ha vivido en Pequín, donde fue profesor de Historia de la Civilización Occidental en la Universidad de Beida. Ha escrito dos libros sobre el país: "Misión China, viaje en el imperio entre el mercado y la represión" (de 2006) y "El reverso de la medalla: la China y las Olimpiadas", de 2008.



En AsiaNews, Cervellera detalla todo lo que queda fuera de la impresión apresurada de Sánchez Sorondo. Reproducimos su análisis.

***

Monseñor Sánchez Sorondo en el País de las Maravillas
por Bernardo Cervellera, en AsiaNews

El canciller de la Pontificia Academia de Ciencias exalta a China como el lugar donde se realiza mejor la doctrina social de la Iglesia. El obispo parece no ver las barracas pobres de Beijing (Pequín) y Shanghái, la expulsión de los migrantes, las opresiones sobre la libertad religiosa. Muestra aprecio por los Acuerdos de París sobre clima, pero guarda silencio sobre los lazos entre riqueza, corrupción y contaminación. Es un abordaje ideológico que pone en ridículo a la Iglesia.

A mis amigos que viajan a China, siempre les he recordado que no se detengan a visitar los centros comerciales, los hoteles de ultra-lujo y los rascacielos, sino que vayan también a las periferias y al campo, para tener un panorama realista de China. 

Si se parte del desastre económico en el que se había sumido después de la muerte de Mao, el país, sin lugar a dudas, ha dado pasos gigantescos, sacando de la pobreza a millones de personas, modernizando las industrias y convirtiéndose en la súper-potencia económica que ya le hace sombra a los Estados Unidos. 

Pero de ahí a presentar a China como el “País de las Maravillas”, hay un abismo.

En la entrevista que él concedió después de un viaje a Beijing, brinda un relato de una China que no existe, o, en todo caso, hay una China que los diligentes acompañantes chinos no le hicieron ver. 

“No hay barracas”, dice monseñor Sanchez Sorondo. ¿Acaso nuestro obispo probó ir al sur de la capital, donde, desde hace meses, el gobierno de la ciudad está destruyendo edificios y casas, y expulsando a decenas de miles de trabajadores migrantes? Por no hablar de las periferias de Shanghái, o de las otras megalópolis chinas, donde se vislumbra una “limpieza” y la expulsión de la población “más baja” e indefensa.

El obispo, canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias, llega a afirmar que los chinos son “quienes realizan mejor la doctrina social de la Iglesia”. Pero tal vez no se refiera a esta expulsión de personas, que, dicho sea de paso, se asemeja mucho a un fruto de la “cultura del descarte”, tan criticada por el Papa Francisco. 

 “No hay droga”, dice el obispo: ¿pero acaso ha ido a las prisiones chinas, donde narcotraficantes y drogadictos son llevados arrestados e incluso conminados con la condena a muerte? ¿Y a Shenzhen, que es la plaza de venta de la droga que llega incluso a Hong Kong?

Luego, no hablemos de la libertad religiosa en China. La libertad religiosa debiera ser un pilar de la doctrina social de Iglesia católica. Quizás debiéramos proponer al obispo una lectura de las noticias cotidianas sobre la violencia, los arrestos de cristianos, musulmanes, budistas, los abusos perpetrados sobre las iglesias domésticas, los controles sobre las iglesias oficiales.

El mismo camino accidentado de diálogos entre China y el Vaticano testimonia la dificultad y la reticencia de Beijing para aceptar una mínima libertad religiosa para los católicos.

Quizás alguien deba decirle a Mons. Sánchez Sorondo que desde el primero de febrero, con la implementación de las nuevas normativas, todas las iglesias no-oficiales fueron clausuradas y al menos 6 millones de fieles católicos no tienen un lugar donde reunirse: la amenaza del régimen que “realiza mejor la doctrina social de la Iglesia” es el arresto, multas estratosféricas, y la expropiación de los edificios donde se reúnan los fieles.

Además, a partir de ahora las autoridades locales prohibirán a los “menores de 18 años” el ingreso a las iglesias, incluso a las oficiales. Como dijo un sacerdote, “China ha transformado la iglesia en un club nocturno, sólo para adultos”. 

No hablemos luego de la ingenuidad con la cual Sánchez Sorondo habla del Imperio chino como del lugar donde se apunta al “bien común”, donde la economía no domina la política. En efecto, él necesita saber que en China, economía y política son lo mismo; que los multimillonarios ocupan los escaños del parlamento chino y determinan la política de acuerdo a sus intereses, que no son los del resto de la población.

Según los estudiosos, al menos un tercio de la población china no goza de ningún fruto del desarrollo económico de China: son los agricultores y los migrantes a los cuales no se les garantiza la propiedad de la tierra (promesa dada en la época de Mao, que jamás fue mantenida); a los cuales no se les brinda ningún derecho social y tal vez ni siquiera la paga, tal como demuestran los reportes mensuales del China Labour Bulletin.

Es cierto, y en esto tiene razón el obispo, que China –a diferencia de Trump, y de los Estados Unidos- ha decidido permanecer en los Acuerdos de París sobre el clima. Sin embargo, por ahora, “ha prometido” trabajar para detener la contaminación, y el país tiene el ambiente más destruido y venenoso del mundo. Lo cual sin lugar a dudas es culpa de muchos inversionistas occidentales que se aprovechan de una débil legislación china, pero también de la avidez y la corrupción de miembros del Partido que prefieren, al igual que muchos en el mundo, el beneficio inmediato a costas de su misma población.

Podemos comprender que en la desesperación por buscar acuerdos entre China y el Vaticano, se admire y exalte la cultura china, el pueblo chino, la mentalidad china –como hace el Papa Francisco- pero ¿presentar a China como modelo?

Sería necesario escuchar a los obispos africanos, que ven destruida la economía de sus países, por la invasión de inversiones y de la mano de obra china, y se ven despojados de sus riquezas, tal como ha ocurrido alguna vez con los colonizadores occidentales.


Es verdad que en el mundo todos se ven presionados a optar por Estados Unidos o China, entre un capitalismo liberal y un capitalismo de Estado, pero idolatrar a China es una afirmación ideológica que pone en ridículo a la Iglesia, y que le hace mal al mundo.

domingo, 11 de febrero de 2018

El milagro número 70 de la Virgen de Lourdes



La iglesia francesa anunció un nuevo milagro de la Virgen de Lourdes

Por AP, 11-2-18

Un obispo francés reconoció el domingo como un milagro la cura de una monja católica romana que estuvo inválida por casi cuatro décadas y se recuperó luego de una peregrinación al santuario de Lourdes. Es el milagro número 70 que se le atribuye a la divina intervención en la ciudad de Lourdes.

El obispo Jacques Benoit-Gonin de la diócesis Beauvais, en el norte de París, proclamó el milagro 10 años después de que Bernadette Moriau, actualmente de 79 años, fuera a Lourdes donde hay un santuario que la Iglesia Católica ha reconocido por docenas de otras curas milagrosas.

El reconocimiento se produjo tras una década de estudios y pruebas por el Comité Médico Internacional de Lourdes. El obispo tenía la última palabra para reconocer el milagro.
Moriau experimentó "un cambio repentino, instantáneo, completo y duradero", dijo Benoit-Gonin en el sitio web de la diócesis. Señaló que las características lo alertaron a la posibilidad de que había ocurrido un milagro y agregó que el comité médico informó que los cambios eran inexplicables "dentro de nuestro actual estado de conocimiento científico".


El santuario de Lourdes es el lugar donde hace 160 años hubo apariciones de la Virgen María. Según reportes, se le apareció a Bernadette Soubirous, una campesina de 14 años y se cree que el agua de manantial en la Gruta de Massabielle tiene poderes curativos que atraen a peregrinos de todo el mundo.

viernes, 9 de febrero de 2018

Farrell impide la apología LGTB en el Vaticano


Aciprensa, 9 febrero, 2018

El Cardenal estadounidense Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Vida y la Familia, vetó a dos importantes oradoras que iban a participar en un evento en el Vaticano sobre la mujer, debido a sus posturas contrarias a la enseñanza católica y a favor del lobby LGBT.

Se trata de Mary McAleese, expresidenta de Irlanda; y Ssenfuka Juanita Warry, quien dirige la organización LGBT Catholics in Uganda.


Según Chantal Gotz, fundadora y directora de Voices of Faith (Voces de Fe), la lista de oradores requería la aprobación del Cardenal Farrell. Cuando el Purpurado devolvió la lista de los nombres aprobados, McAleese y Warry no estaban incluidas.

El evento Voces de Fe se realizó por primera vez en 2014 y se ha llevado a cabo desde entonces en marzo de cada año en la sede de la Pontificia Academia para las Ciencias, la Casina Pío IV que está en el Vaticano.

El evento se titula “Why Women Matter” (¿Por qué importan las mujeres?) y se realizará el 8 de marzo para coincidir con el Día Internacional de la Mujer.

Tras la negativa del Cardenal Farrell para incluir a McAleese y Warry, los organizadores del evento decidieron cambiar la sede a un lugar fuera del Vaticano, en vez de adecuar la lista de oradores.
En una declaración del 2 de febrero, Voces de Fe señala que la expresidenta de Irlanda “no es una extraña para el Vaticano, habiendo estado al mando como funcionaria pública de un país predominantemente católico”.

McAleese, indica el texto de la organización, “es conocida por su claro apoyo a los derechos de los gays y las mujeres, y ha hablado públicamente y con frecuencia sobre sus frustraciones con la fe católica”.

En declaraciones a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– Chantal Gotz dijo que se quedó “sorprendida” por la decisión del Cardenal Farrell, ya que temas similares no han sido considerados un problema en el pasado.

La directora de Voces de Fe dijo que en anteriores oportunidades ya se ha invitado a personas con posturas distintas a las de la Iglesia en temas como el aborto, la anticoncepción y la ordenación sacerdotal de mujeres.

La conferencia de marzo, agregó Gotz, “nos permite crear un debate y diálogo sobre el poder actual y las estructuras de liderazgo en nuestra Iglesia hoy”.

Sobre el cambio de sede para el evento, Gotz dijo a CNA que “los jesuitas, de manera auténtica, nos han recibido a nosotros y a nuestros oradores”.

En distintas ocasiones Mary McAleese ha defendido el matrimonio de personas del mismo sexo y ha acusado a la Iglesia Católica de “hipocresía” por defender el matrimonio natural entre un hombre y una mujer.

McAleese también ha defendido la ordenación sacerdotal de mujeres, contraviniendo lo establecido por San Juan Pablo II en el documento Ordinatio Sacerdotalis que precisa que el ministerio sacerdotal está destinado solamente para los varones.
En el vuelo de regreso de su viaje a Suecia, el Papa Francisco recordó que “sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia Católica, la última palabra es clara y la dio San Juan Pablo II y esto permanece”.

La carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis fue escrita por San Juan Pablo II en 1994. En ella se establece que “la ordenación sacerdotal, mediante la cual se transmite la función confiada por Cristo a sus Apóstoles, de enseñar, santificar y regir a los fieles, desde el principio ha sido reservada siempre en la Iglesia Católica exclusivamente a los hombres”.


Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente en CNA